Cosas que inevitablemente su ceden cuando trabajas desde casa, y cómo evitarlo:

 

1.Te conviertes en una super heroína: vales para todo

O es lo que te gustaría. Eres la CEO,  y más, de tu negocio, valgas o no para ello. Desarrollas proyectos, creas presupuestos, buscas financiación, presentas tus impuestos, eres fotógrafa, redactas propuestas, diseñas y fabricas, vas a la compra, acudes a las reuniones de vecinos, y paseas al perro.

Pero querida, esto no puede ser. Y no porque tú no valgas, que eres la mejor, lo sé yo, lo sabes tú, y lo saben tu madre y tus clientes, pero es que resulta que no se puede valer para todo. Y si se vale, no hay tiempo durante una vida entera, no te digo ya en una semana trabajando los domingos.

La solución: externaliza poco a poco, no hay otra. Dependiendo de la fase de tu negocio en la que te encuentres, te habrás dado ya cuenta o no. Pero resulta que hay gastos que merecen la pena, por ejemplo un gestor o una persona que te ayude en la limpieza de la casa. Hay otros que poco a poco podrás ir pagando conforme evolucionen (positivamente) tus finanzas. Una forma de motivarse en momentos de bajón es el pensar qué próxima actividad de todas estas que flotan, -y al mismo tiempo tanto pesan-, sobre tu cabeza, vas a delegar en otra persona a cambio de dinero. Funciona

Nota: luego te hablaré de los trueques, esa confusa herarmienta

 

2. Familiares y amigos piensan que siempre estás disponible.

Y es que,  ¿no eres tu propia jefa?, ¿no estás en casa?, ¿no haces lo que te gusta?, ¿no te organizas tú tu trabajo?

Desconectar el teléfono no suele funcionar. No funciona a no ser que tengas dos líneas, una para el negocio, y otra personal. Aún así, y más las mujeres, sí sabemos pero no somos capaces de desligarnos tan “bruscamente”, ¿y si me llamara mi sobrino para contarme que ha metido el golazo de su vida?, ¿y si le hace falta algo a mi madre?

La solución: Dale a tu trabajo la importancia que tiene y trasmítelo a las personas que forman parte de tu vida. Y es que cuando trabajas desde casa es porque no te puedes permitir un super despacho, pero tienes en un tubo los planos del futuro edificio de tu corporación. Te contaré que en mi caso estamos proyectando la pÁngala Tower en Tokyo, New York, London, y en Maldivas será algo afín a su naturaleza salvaje. Pero de momento funcionamos a pequeña escala, ya sabes, pensar en grande pero trabajar en pequeño, y fantasear a lo bestia para poder con tanto trabajo, no hay otra.

Vamos, que has de convencer a tus allegados que el hecho de que trabajes desde casa es equiparable a estar e una oficina en la que no te estarían llamando todos los días. Y esto también es trasladable a otras peticiones mayores con eso de que eres tu propia jefa: no puedes acompañar a ver el piso a tu amiga del alma un martes a las 11:30 de la mañana, no puedes acompañar a elegir el carrito del futuro bebé de tu prima, y no puedes acompañar a tu hermana al veterinario porque ella se marea viendo a su esponjoso gatito con puntos. No, no, y no.

 

3. Te sitúas en los extremos: procrastinar o no parar de trabajar

Y sabes de qué te hablo. O bien no puedes dejar de trabajar cual robot deshumanizado que sigue rutinas impuestas, o bien te entra la vena creativa y todas las ideas han de materializarse a la voz de ar antes de que se desvanezcan, o bien te sientes en un momento ultra productivo y no puedes ni debes dejar pasar esta oportunidad.

Y está la otra cara de la moneda. Te acaban de firmar el presupuesto de tu vida que te va a arreglar el mes en solo una semana, así que te sobran tres. Estás saturadísima de trabajo y sabes que debes descansar, pero esto acaba siendo vaguear. Te han prestado la colección completa de Mad Man y necesariamente has de verla del tirón pues su estética te inspira y además aprendes publicidad.

La solución: aquí la solución es tristemente simple. Imponte un horario de trabajo en casa y obligaciones fuera . Es decir, cumple rigurosamente una jornada de trabajo, igual que no te saltarás otros placeres, en mi caso es la siesta y el reposo antes de dormir, ya sabes, no acostarte tras realizar mil tareas, sino descansar antes de dormir. Actividades programadas fuera de casa también son necesarias, de lo contrario corres el riesgo de convertirte en un ser extraño y perderás la capacidad para comunicarte con naturalidad con otros humanos. Se conocen casos

 

4. Dejas de gastar en ropa y maquillaje

Ya sabes, con eso de que trabajas desde casa ya no te preocupa tanto tu aspecto físico, te vistes con cualquier cosa (normalmente de estilo infame y descoordinado), y llevas unos pelos de inquietante sensación para el mensajero que llega a entregarte un paquete, ¿te suena?

Solución: imponte un pseudo uniforme y no pierdas las rutinas. Ya sabes, esa ropa que ya tiene un bonito pasado y que ya no te pones para salir pero que resulta cómoda, y que puedes combinar estética y dignamente con otras prendas. Fuera el pijama y las zapatillas, y sigue esta consigna: el chándal prohibidísimo, ¡pena de muerte al chándal!.

Y mira el lado positivo: es una buenísima oportunidad para crear tu armario perfecto, y me explico. Si estás dejando de comprarte ropa porque no la necesitas tanto como cuando trabajabas fuera de casa, es una buena oportunidad para definitivamente retirar del armario todas esas prendas que sabes positivamente que ya no utilizarás ni tan siquiera para trabajar desde casa. Ahora comprarás con más sentido común prendas de auténtica calidad, de forma dosificada, que te fascinen y combinen con el resto de tu ropero.

Lo mismo ocurre con los productos de belleza, compra los justos y de calidad, adiós a toda esa artillería

 

5. Te sientes desconsolada, piensas que no tira hacia delante

Emprender es duro, qué te voy a decir a tí. Máxime si funcionas en soledad, no tienes socios, y todos los beneficios pero también los perjuicios, currazos, alegrías y disgustos son para tí y sólo para tí.

En tu cabeza rondan miles de fantásticas ideas, tangibles e intangibles, creativas y de gestión; y de los momentos más agoreros en los que ni las lágrimas te brotan…, de esos mejor no hablemos. Y en esta tesitura, tanto en la más fantasiosa como en  la más dramática, si la vida no te llega ya te digo el día, imposible

¿imposible?

Solución: Pide ayuda a tus amigos, y no tan amigos. Los amigos son amigos, y tú también eres amiga de ellos. No te estoy hablando de solicitar auxilio lunes, miércoles y viernes de las semanas impares y algún fin de semana que otro, pero cuando te hace falta, ocasionalmente, ¿no lo harías tú por ellos?.

A mi personalmente me cuesta bastante pedir ayuda, de toda la vida, y cierto es que las pocas veces que la pido nunca me fallan, tal vez es por eso, por no ser pesada, pero insisto: pide auxilio a tus amigos, a ellos seguro que les gusta y resulta satisfactorio saber que han podido sacarte de un escollo.

La ayuda puede ser de distinto tipo, puede ser trabajo puro y duro pero otra forma de apoyo puede ser también  una opinión sincera, una sesión de brainstorming, un contacto interesante…

También puedes establecer alianzas profesionales. Eso sí, alianzas que sean convenientes, convenientes para ambas partes. Estas alianzas se materializan en intercambio de trabajo en el que ambas partes sintáis que existe proporcionalidad, que ninguna de las dos estáis perdiendo. Por ejemplo, si se te da bien escribir pero no dibujar, puedes intercambiar tus textos por ilustraciones con otra persona que se dedica a ello y no acierta a describir su trabajo. Tus textos le serán de gran ayuda, y a tí sus ilustraciones pueden servirte para complementar la imagen de tu producto.

 

6. Te endemoniarás: la gente no cumple, no responde, falta de educación…

Cuando emprendes y requieres bienes y servicios de otros profesionales o proveedores te toparás con todo tipo de sorpresas, fue algo que me advirtió mi querida Cris en un principio, me dijo algo así como: “cuenta con que tus proveedores no van a cumplir en fecha, y si llega a tiempo eso que te has llevad

Solución: asume que la vida es así, para esto no hay solución. Lo único es tener siempre una alternativa, una segunda opción por si tu primera elección te fallara. Esto funciona siempre que no has tenido que pagar por adelantado, cosa que sucede para determinados trabajos. Te confesaré que a mi esto me sucedió cuando quise sacar mi primera colección: tenía las etiquetas pÁngala pagadas, y no llegaban por problemas e historias varias de mi proveedor. Aquí la única solución es la espera, la resignación, y ante todo la imaginación.

 

7. Los impuestos: cuando llega el trimestre te quieres morir, hasta te arrepientes de haber vendido tanto

Solución: con cada venta/campaña ve guardándote dinerito para pagar cada trimestre al fisco. Si cuentas con pagar cuando llegue el momento, a costa de tus beneficios, será mucho más costoso para tí y sobre todo desmoralizante. No es lo mismo detraer una cifra de la parte que ya considerabas como beneficios trimestrales, que ir guardándote un poquito cada dos semanas para tener prevsita esta desagradable sorpresa.

Exige siempre factura, esta es mi consigna. A ver, muchos proveedores, especialmente los que te ofrecen intangibles, te dirán que ellos no te emiten factura. Esto en un principio puede parecerte rentable, el rollito de que te ahorras el iva. Pero no es así, fíjate que toda factura que tengas constituye un gasto que compensa con tus beneficios, así que querida, querido, exige factura. Máxime cuando tú luego lo declaras todo de todo, ¿no es así?

8. Se cumplirá tu tendencia: engordar/adelgazar

Cuando trabajas desde casa o desde un espacio propio en el que cumples tu propio horario y tan sólo has de rendir cuentas a clientes que no siempre tienes delante, o sólo los tienes en momentos puntuales y además previstos…, tus hábitos alimenticios pueden llegar a convertirse en un absoluto desastre. Así, si ti tienes tendencia  engordar lo normal es que lo hagas más aún, y si es a adelgazar, tres cuartos de lo mismo.

Solución: qué te voy a contar, aquí la solución es tan simple como compleja: adopta hábitos saludables. Ya te conté lo que me dijo mi médico, que cambiar los hábitos puede ser más difícil que cambiar de religión. Sé que me repito pero es que me llegó al alma, y si encima no tienes ninguna religión…, más difícil aún. Por esa razón yo personalmente apuesto por adquirir nuevos hábitos, si no puedes cambiar el anterior…

Por eso te propongo llevar una vida ordenada en general, y en la alimentación en particular. Así además de que no cambiarás de talla (yo estoy en ello, horror), te sentirás mejor. Cierto es que hay que cuidarse por dentro para estar bien por fuera. Para ello no es necesario desde mi punto de vista el imponerse mil rutinas que sabes no vas a cumplir. Vamos, que si eres tirando a vaga, no decidas que vas a correr todos los días ni tan siquiera 30 minutos, tal vez pasear los fines de semana es mejor. Si no te gustan mucho las verduras, no decidas hacerte vegetariana, pero incluir la ensalada en todas tus cenas puede ser más factible. En un anterior post en el que te hablaba de cómo optimizar tu tiempo, te sugería varias formas de llevar una vida organizada

9. Observas que no te da la vida

Solución: y aquí voy a ser breve porque no tiene más historia. No te propongas terminarlo todo todos los días, pues si si las cosas van bien, cada día salen más tareas y es realmente imposible finalizarlas. Ponte un momento para terminar e intenta cumplirlo, con cierta flexibilidad, pero inténtalo.

La planificación, el diseño de una estrategia, y la organización son herramientas esenciales para cumplir con esta solución tan poco ingeniosa que te he dado esta vez, pero es que querida, no hay otra opción al menos que yo conozca, y si tú la sabes, por favor dímela. Claro, si tienes todo un equipo a tu servicio en pro de los objetivos fijados o simplemente soñados, resultará mucho más fácil, pero en ese caso tengo por seguro que no estarías leyendo este post, ¿me equivoco?

10.Aún así, tampoco te llega

Solución: Eres una persona perseverante y te has fijado una meta, así que vamos a darlo todo para que se cumpla. Insiste en pedir ayuda, en las alianzas, exige tu espacio físico, mental y temporal de trabajo a tu familia, y trata de llevar una vida lo más organizada posible; es decir, -insiste en todos los puntos anteriores, y diseña tus propias soluciones-. Todo esto te puede resultar difícil pero te hace falta, no te queda más remedio y nadie dijo que esto fuera a resultar fácil, ni tan siquiera rápido, ¿es así?