Al grano: he de contar en pública concurrencia que el matrimonio Pángala está escuchando con demasiada frecuencia que Einn es un desgraciado. Así nos lo dicen en todos los eventos a los que acudimos, familiares y amigos esperan que Einn tenga un golpe de suerte, cosa que no alcanzamos a comprender. Einn es poseedor de grandes tesoros, uno de ellos es la amistad.

Josete, Jose T., hoy nos hablará de Einn:

¿Qué puedo contaros de Einn? Tengo toda una vida llena de anécdotas con él, como cuando trabajando afinando y poniendo a punto la guitarra eléctrica de Eddie Van Halen una tormenta eléctrica se cernió sobre nosotros. No paraba de diluviar y relampaguear, le rogamos que parara, pero él seguía haciendo su trabajo. De pronto, lo inevitable: el rayo más imponente que podais imaginar, cayó sobre él (me dijo que de pequeño ya le había rozado uno y que a causa de este perdió un pezón).  Afortunadamente, esta vez le afectó solo a un testículo, lo que no le impidió finalizar el solo que estaba tocando. Eddie, que estaba presente, le felicito y le dijo que había sido un solo de guitarra “electrizante”, y aunque Einn no pudo contestarle, le sonrió al tiempo que le caía una lágrima. Más tarde me comentó que de no haber estado rodeado de tanta gente escuchándole, no hubiera acabado el solo de guitarra ya que llego a sentirse un poco indispuesto, además se percató de que llevaba la bragueta bajada.

 

Tal y como he dicho antes, podría comentaros un sinfín de anécdotas como aquella otra en la que se le ocurrió el genial invento del Himnomatón. Para los que no hayáis oído hablar de él, cosa lógica ya que su repercusión se redujo a nosotros dos, la cosa es sencilla. Se trataba de una pequeña cabina, similar a los famosos fotomatones que se pueden encontrar en casi cualquier punto de la ciudad. En el caso del Himnomatón, nada más descorrer la cortinilla que da acceso al pequeño habitáculo, nos encontramos con un confortable taburete giratorio, una pantalla y una ranura por la que introducir monedas. Si, ya sé que hasta aquí, es “clavadito” a un fotomatón, pero lo bueno viene ahora. Al meter las monedas en la ranura, aparecía en la pantalla un listado de las diferentes naciones del mundo, y al presionar sobre la deseada, inmediatamente empezaba a sonar el himno nacional del país en cuestión. Lo recuerdo bien, se podía ver en la cara de Einn lo que estaba imaginando, hordas de personas haciendo cola para fliparlo por unos momentos, sintiendo los acordes del himno de sus patrias… En fin, brillante.

Animado por su prodigiosa idea, Einn empezó a fantasear con la idea de contratar a la Orquesta Filarmónica de Berlín para que grabase los correspondientes himnos nacionales, pero como yo le indiqué que para eso hacía falta mucho dinero, nosotros solo teníamos treinta y cinco céntimos, y además aún teníamos que comer, la fantasía empezó a decaer. Decidimos que podíamos empezar con el himno español y La Marsellesa ya que eran los dos únicos que conocíamos, y si en lugar de la Filarmónica los tarareábamos nosotros… En fin, que la cosa no cuajó.

Y  aunque son miles y miles las anécdotas de mí querido y maravilloso amigo Einn, creo que tendré que… ¿cómo?, que cuente una más. Vale, pues ya que insistís, os contaré aquella vez que se cayó de un columpio. Estaba balanceándose y balanceándose, y en un momento en el que alcanzó la máxima altura, se soltó la cadena que sujetaba el asiento. Viendo que iba a caer sobre una zona pedregosa e intuyendo que se despellejaría las manos, decidió no usarlas para parar el golpe y hacerlo directamente con los dientes. Que entereza, aún recuerdo cuando diez minutos después se incorporó tambaleándose. No paraba de sonreír y a todo decía que sí, aunque si te fijabas mucho parecía que estaba llorando. Clavado a una roca apareció el diente de oro.

Ahora sí que paro, al menos por hoy, de contaros anécdotas de Einn, mi mejor amigo y mi más leal compañero. No puedo dejar de pensar que aunque hemos pasado mil aventuras juntos, lo conozco desde antes de ayer.

 

¿Enganchado a Las locas historias de Einn y con ansia por revivir sus grandes momentos?, o por el contrario…

… ¡¿todavía no conoces todas las aventuras de Hermógenes Gorgonio Wachi Nao, alias Einn?!.

Sea como sea, esta es la ocasión para ponerte al día, click en cualquiera de los títulos para sumergirte en tan apasionante vida,

y si te quieres suscribir como a los coleccionables, pero en plan gratis:

boton suscripcion