¿Conoces la fábula del joven leñador?

Esta es la historia en que la que se basa la golosina de hoy, y te la voy a intentar contar brevemente,  aguanta plis:

Érase una vez un joven llamado Andrés al que le surgió su primera ocasión para obtener unos ingresos: trabajar en el bosque como leñador.

El trabajo lo conocía relativamente pero nunca lo había realizado. Cada mañana llegaba al bosque con otro leñador algo anciano, Rodrigo, su maestro. Rodrigo era un hombre entrado en años y muy menudo, al tiempo que experto y eficiente.

Las primeras jornadas de Andrés fueron altamente gratificantes, su rendimiento era muy elevado, y todas las noches al acostarse contaba el dinero ganado con su rostro iluminado. Tanto era así que cada día se esforzaba más que el anterior. Jornada tras jornada alargaba sus sesiones e intensificaba el esfuerzo. Cada vez ganaba más, su moral se crecía y su cuerpo, joven, bien robusto,  resistía intacto.

Pero la suerte de Andrés cambió radicalmente, rápidamente sus resultados fueron mermando. Comenzando al amanecer, y terminando al anochecher, no conseguía alcanzar ni los resultados de su primer día de trabajo pese a que dedicación y entrenamiento actuales eran mucho mayores.

Andrés se encontraba profundamente frustrado hasta que decidió hablar con Rodrigo, ese hombre anciano, menudo, y de trabajo sosegado.

Rodrigo, trabajo desde el amanecer hasta el anochecer, no descanso, mi cuerpo es ahora mucho más fuerte, y sin embargo ya no logro reunir leña como antes lo hacía. ¿Cómo es posible el trabajar mucho mas y no obtener apenas resultados?

– Querido Andrés, en unos días tu cuerpo se ha hecho fuerte, has aprendido la técnica y la has llegado a dominar, has alargado tus jornadas e intensificado tu trabajo, y sin embargo tus resultados son pésimos, así es.

Andrés escuchaba atónito y casi ofendido, pero también atento.

Rodrigo continuó

– Andrés, ¿has mirado el filo de tu hacha?. Cuando comenzaste este trabajo te entregué un hacha esmeradamente afilada por mí mismo, pero tú no te preocupaste por ella, sino sólo por tí y tus resultados. El hacha es tu herramienta y ya no te está aportando rendimiento porque no la has cuidado, no la has afilado. De nada te servirá trabajar horas y horas día tras día si no descansas, al menos, para afilar el hacha

 

¿Conocías la fábula del leñador?. A mi esto me lo contaron en un curso mientras estudiaba en la universidad y jamás la he olvidado (aunque no siempre aplicado). Y es que para obtener buenos resultados, no importa del tipo que sea, es imprescindible descansar tranquilamente mientras afilamos el hacha.
Las jornadas maratonianas sólo son útiles para trabajos mecánicos y rutinarios. Si  lo que buscas son las buenas ideas, las auténticamente creativas,  pese a que la inspiración debe pillarnos trabajando, los buenos resultados nacen del descanso, del cambio de aires y de la  limpieza mental.

En resumen: si buscas la creatividad has de mantener afilada el hacha, descansa y vendrá la inspiración

afilar el hacha

¿Con más ganas de dulce?, entonces toma la golosina anterior (click), es dulce, carnosa y sabrosa.