Todo empezó una mañana de noviembre, cuando me encontraba en la sala de espera del dentista y recibí una llamada de alguien exquisitamente educado que no supo pronunciar mi marca, pÁngala, ni tampoco conocía mi nombre. No hubiera tenido importancia alguna, lo de mi marca y nombre, si su propósito hubiera sido otro. Le llamaremos Andrés, porque es un nombre que me gusta, y porque no era el suyo e insisto en su exquisita educación.

Andrés, muy correcto y amable me llamó un jueves para comunicarme que

me habían concedido la Medalla de Oro como reconocimiento a mi trayectoria profesional en el mundo del diseño de bolsos y complementos.

Todo eso me lo dijo seguido y creo que sin respirar, pero le quedó genial, Andrés tiene una perfecta dicción. De momento y para empezar me entró la risa floja. Afortunadamente estaba yo sola en la sala de espera, pues cuando me explicó que la entrega de las medallas, diplomas, y premios y demás galardones estaba programada para el viernes de la semana siguiente…, ahí ya me desternillé (es la primera vez en mi vida que escribo esta palabra para referirme a mi misma, pero la ocasión lo merece).

Como me encontraba algo perpleja por la retahíla de personalidades que formaban la asociación que con algo de prisa, desde mi punto de vista, me concedían el premio, le pedí por favor a Andrés que todo esto me lo comunicara por escrito. Andrés es ágil y eficiente, así que de inmediato me envió un correo electrónico que pude leer aún esperando mi cita con el dentista. Leyendo el email no lograba salir de mi asombro. Personajes de la moda, el diseño, el cine y otras artes  formaban parte de esta asociación cuyo nombre no voy a citar, luego verás el por qué. Pero en serio eh!, personas de estas que salen bien en las fotos, nada de las de los grotescos programas del corazón, ni de la casa esa con gente encerrada superando desafíos a cambio de fama y dinero, no.

En este correito con sellos, firmas y bendiciones varias, y venga de nombres y nombres de insignes profesionales, me daban las pautas para la recogida mi condecoración. Cierto es que Andrés se esperó al final, cuando se suponía que la emoción  ya debía haberme embargado, para darme los datos clave. Esos datos me sugerían marcarme un Bob Dylan en toda regla, o lo que es lo mismo, agradecer la consideración conmigo tenida, pero no acudir. Resumiendo:

  • cubierto (en restaurante de reputadísimo hotel): 180€/persona
  • diploma: 60€
  • dress code: mujeres con vestido largo, hombres con traje oscuro

no recogí mi premio missoluciones pángala

Reconoceré que no fui ágil, pues no se me ocurrió preguntar si estos precios incluían IVA, si el Ave a Madrid y el alojamiento corrían de su cuenta, o de la mía, y si en cualquier caso me emitirían factura*. Tampoco pregunté si el premio tenía dotación económica que cubriera semejante dispendio. Y la del millón, ¿de cuántos kilates es la medalla de oro, y cuánto cuesta?

Y bueno, el mail no lo voy a reproducir aquí no sea que no deje bien o pueda molestar al resto de marcas que sí que acudieron a recibir su medalla de oro. Yo de momento me quedo con mi medallita del bautismo y  con la de la primera comunión, que me salieron gratis y seguramente las funda para hacerme un anillo.

*Por favor, por si no estoy siendo capaz de transmitir la ironía, léase con este tono, please.

Para terminar, y algo que negare toda mi vida aunque esté aquí escrito: llamé al amable Andrés para, haciendo de tripas corazón, de hígado páncreas, y de esófago intestino, preguntar cómo podríamos hacer para pagar por el diploma y recibirlo por mensajería en casa. Insisto en que esto voy a negarlo toda la vida, pero lo consideré interesante dado el alto nivel de las personalidades que integraban esta asociación. La respuesta fue clara: el diploma 60€, que necesariamente se entregaba pagando al menos un cubierto, y por esta razón me sugería que si no podía asistir al menos enviara a otra persona en mi representación, por el mismo precio…

Y esto es todo por hoy, de momento no he sido capaz de encontrar en su web la entrega de estos premios, sí la de unos anteriores. No sé si cuando algún día aparezcan sera nombrada pÁngala slow bags y  su Medalla de Oro como reconocimiento a la trayectoria profesional en el mundo del diseño de bolsos y complementos, aunque claro, me marqué un Bob Dylan ;-)

Ciertamente me hubiera encantado recibir un premio al diseño, no soy ni tan experta ni tan orgullosa como para rechazar cualquier distinción, insisto, cualquiera. Pero tampoco desprecio la seriedad ni el respeto, aspectos que al parecer algunas personas sobrevaloramos. En fin, otra vez será, ojalá.