Le estaba muy agradecido a Sinforosa. Cuando me acogió en su peluquería me salvó la vida. Ella siempre decía que yo le venía muy bien para pasarle las tijeras ya que al no tener piernas le costaba bastante, pero yo sabía que no había sido por eso. Lo que sí es cierto es que al estar yo, pudo por fin cerrar la persiana, con lo que dejó de ser una peluquería abierta 24 horas y 365 días al año. Ella me amparó, dándome un hogar y un trabajo digno. Desde el principio se me hizo muy difícil cortarle el pelo a la gente. A cualquiera al que le cortase el pelo salía de allí con un corte estilo “mullet”. Tras meses de intenso aprendizaje la cosa seguía igual, solo mullets. Al final, tanto Sinforosa como yo  abandonamos, y decidimos que solo haría ese tipo de peinados que  eso sí, me quedaban espectaculares. De todos los clientes que teníamos, solo uno o dos pedían ese tipo de corte, con lo que me daba tiempo para hacer otras tareas como limpiar la peluquería, hacer de asistente de Sinforosa o construir adosados. Cuando tenía la fortuna de que llegase alguien que pedía un mullet o le daba igual el corte que se le realizase, aplicaba toda mi depurada técnica para realizarle el mejor corte y la verdad es que nunca salían defraudados. De hecho, salían tan contentos con sus peinados que se corrió la voz y comenzaron a venir fans del peinado desde otros lugares, y no solo de la ciudad, también de los pueblos de alrededor, a algunos hasta les conseguía desunir la única ceja con un complicado proceso que Sinforosa denominaba “depilación”. Cada vez nos visitaban más personas para que les cortara el cabello y comenzaron a acudir a la peluquería muchos músicos y cantantes, especialmente de grupos heavy y death metal. Algunos se hicieron famosos y otros no, pero a todos los deje más guapos que un San Luis.

IMG_0550 - copia

El primer famoso al que rapé fue a Bono. Recuerdo que cuando llegó me pilló restaurando un sofá y tuvo que  ayudarme sujetando una pata durante cerca de 45 minutos, el esfuerzo le costó cancelar un concierto por lumbalgia. Lo tuve que llevar a su coche sentado en la silla de Sinforosa, y aunque no paraba de quejarse, no dejaba de sonreír. Otra vez que Bono estuvo en la pelu, bueno ahora ya la llamábamos “Salón de Estética y Belleza to guapo, El Polígono”, para cortarle el flequillo usé una técnica muy complicada y experimental que llamo “Tijera de luz”. Consiste  básicamente en usar una lanza térmica para sellar las puntas. Le gustó mucho pero dijo que le había molestado un poco la luz. Recuerdo que se marchó dando tumbos tropezando con los secadores de pelo de señora, nos reímos mucho y es curioso que a partir de ese día no volvimos a verlo sin gafas de sol. Comentándoselo, me dijo que había sufrido desprendimiento de retinas a causa de la luz pero que con tal de llevar un corte de pelo así estaba dispuesto a todo. Como veréis, la clientela era fiel, pero yo aspiraba a popularizar masivamente el corte mullet y finalmente ocurrió. Un día llego a la peluquería un joven que decía ser actor. Se presentó como Richard y pidió mi famoso corte, al parecer quería impactar en una serie que iba a protagonizar y que se llamaría MacGyver. Era un chaval muy mañoso, cuando venía siempre pasaba el tiempo de espera arreglando alguna cosa. Una vez con una tele que no funcionaba, una camiseta vieja y una jaula para periquitos, fabricó un sillón de relax que hacía las delicias de los clientes. En otra ocasión creó un poncho para Sinforosa que le tapaba la silla de ruedas, y le hacía parecer una señora gorda bajita. Tras MacGyver, empezaron a llamarme “el peluquero de las estrellas”, y no les faltaba razón ya que entre otros, pasaron por mis manos Chuck Norris, Penélope Cruz, Julia Otero y Jean Claude Van Damme, este último era un poco rarito ya que para cortarle el pelo se colocaba en equilibrio con las piernas abiertas apoyándose entre los reposabrazos de dos sillones distintos, con lo que me tocaba subirme encima de la silla de Sinforosa para poder llegar a si cabeza.

Pero amigos, he de reconocer que no todo fueron éxitos. Cansado de cortar pelos mullet, necesitaba un cambio, algo que me estimulase. Decidí que al próximo cliente que llegase pidiendo algo original le aplicaría un nuevo corte de pelo que solo estaba, lo reconozco, escuetamente delineado en mi mente. Esa persona fue Javier Bardem y me pidió un peinado que le ayudase a perfilar su personaje en su nueva película “No es país para viejos”. Aunque yo tenía pensado algo más audaz, ya conocéis el resultado. No estoy orgulloso de mi creación pero él quedo contento…

Otra de mis creaciones que compartí con colegas, esta vez teniendo como base el sempiterno mullet, fue el después denominado skullet. Afortunadamente no pude convencer a ningún cliente para que se lo hiciese, y he de decir, en mi favor, que tras ver cómo les quedaba a todas las personas a las que se lo habían cortado así,  no tuve más remedio que encabezar una petición internacional para que lo prohibiesen por el bien de la humanidad.

Como veis, había conseguido llegar a lo más alto en el mundo de la peluquería, y la verdad, me sentía orgulloso, pero ocurrió algo que cambió mi vida. Un día, mientras me tomaba una infusión de ruibarbo que sabía a guano,  apoyado en la pared junto al gran escaparate de la peluquería, me percaté de una nube con una curiosa forma. La nube era la viva imagen de una ración de Chop Suey de gambas. Aquello me conmocionó. Durante tres días la observe con detenimiento y no detecté cambio alguno en ella. No podía dejar de pensar en el sentido de la vida y su relación con aquel pedazo de gastronomía china. De repente lo vi claro. Me despedí de Sinforosa, instalándole un motor con mando a distancia para la persiana e hinchándole por última vez las ruedas de la silla, y ahora me llaman “El hombre que persigue a las nubes”, bueno eso algunos, la mayoría me llaman “el tontolaba”