Caminando bajo los ficus macrophylla de aquella glorieta, justo junto donde acaban  los puestos de libros de segunda mano y comienza la zona de los chaperos engominados con Giorgi, vino como un fogonazo a mi memoria la época en la que trabajé como impostor profesional. Consistía en hacerse pasar por otra persona, con el conocimiento y aprobación expresa del “original”. Debía estar dispuesto a realizar de la mejor manera posible  las más diversas tareas, que por indisponibilidad o simple pereza, no iba a realizar el interesado. Os pongo un ejemplo para vuestra mejor comprensión. Un poco conocido autor de novelas al que la editorial desea promocionar en una gira por pueblos de la meseta. Como el escritor era desconocido para el público en general y además no existía Internet aun, pues iba yo y durante unos días, firmaba libros y me retrataba con seguidores subido a un tractor. Me entregaban un pequeño dossier con algo de información acerca de la novela, sobre el autor y una pequeña guía de respuestas a posibles preguntas y así, el novelista se libraba de hacer la molesta gira y yo me ganaba un dinerillo.

Aquella, era una ocupación extenuante. Durante la primera época, lo pasaba fatal pensando que me iban a descubrir y siempre estaba con el culo prieto, pero he de reconocer que adquirí pronto una gran técnica que me llevó a desarrollar la tarea con gran desparpajo, aunque con cierta tendencia a la teatralidad exagerada ya que, hasta que me lo prohibieron, acababa siempre mis intervenciones realizando delante del público, seis o siete flexiones.

Los trabajos que realizaba eran de lo más variopintos y alguno de ellos rozaba la genialidad, aunque esté mal que yo lo diga. Recuerdo una semana en la que sustituí, yo solito, a una cuadrilla francesa que volcaba camiones cargados de fruta en la frontera con España. Me tocaba cambiarme de ropa y apariencia muy rápido, pero nadie se dio cuenta.

Durante dos funciones en Broadway de la obra Blancanieves, sustituí al actor que hacía de enano Gruñón ya que debía visitar a su madre enferma y no quería que nadie se enterase. Acabé con las rodillas peladas de tanto arrastrarme, pero nadie pareció darse cuenta, es más, fue tan convincente mi actuación que el enano me contrató para que hiciese yo las siguientes visitas a su madre.

Otra de las cosas de las que me siento orgulloso es de haber suplantado durante las últimas seis etapas del Giro de Italia al ciclista que estaba en al final de la clasificación, ya que según él “no le compensaba el esfuerzo”. Finalmente conseguí remontar y  acabar entre los 10 primeros. Hubiera podido ganarlo fácilmente, pero seguro que alguien hubiera notado que no era yo el ciclista malayo.

Durante una temporada, mis servicios estaban muy solicitados y la agencia que me contrataba, no daba abasto. Uno de mis mayores logros fue el lograr sustituir a Will Smith en un episodio de El Príncipe de Bel Air y a la actriz que interpretaba a su prima mayor. Lo de Will fue fácil pero conseguir que nadie notara que el papel de Hilary Banks lo hacía yo me costó un esfuerzo sobrehumano, sobre todo imitar su risita, eso y que casi he de amputarme dos dedos de cada pie para poder colocarme sus zapatos de tacón. Todavía recuerdo las manos del mayordomo en mi trasero, fue algo asqueroso y seguro que el también recuerda el bofetón que le luxó dos vértebras y que le obligo a contratarme para hacer de él un par de capítulos.

Como en Hollywood son como son, decidieron, gracias a mis anteriores éxitos, ofrecerme un pequeño papel en la película “Liberad a Willy 4” pero mi equipo de maquillaje me habló de la imposibilidad técnica que suponía transformarme en una orca y tuve que rechazar el trabajo que, según me enteré años más tarde, termino realizando un Torrebruno en horas bajas.

Para los que tengáis buena memoria puede que me recordéis como el peor nadador olímpico  de todos los tiempos, el nigeriano Moussambani. Realmente él  nadaba mejor que yo, pero se lesionó y decidieron enviarme como sustituto. Tardé en cruzar la piscina casi un día y por poco me ahogo debido al peso del maquillaje resistente al agua, pero el trabajo de caracterización fue espléndido. Que las gafas para nadar fueran graduadas tampoco me ayudó mucho a seguir la calle, pero finalmente fui ovacionado y ahora Moussambani vive de dar conferencias sobre lo que en realidad fue mi trabajo.

Mi último encargo fue el más sonado debido a la forma en la que acabó. Sin duda recordareis al traductor al lenguaje de signos del funeral de Nelson Mandela. Me enviaron a mí como sustituto del auténtico debido a una mala traducción al inglés de mi currículo. Eso me pasa por querer ahorrarme unos euros contratando como traductor al speaker yonki de una pista de coches de choque. Cuando me di cuenta ya era tarde para decir que no o fingir un infarto. Estaba muy nervioso y se me fue un poco la mano ya que todos los gestos que realicé formaban parte de las coreografías del Aserejé, Los Pajaritos y Macarena que eran las únicas que me pasaban por la cabeza junto con algunas expresiones de raperos americanos. Aunque durante el acto nadie pareció darse cuenta después arreciaron las críticas y tuve que retirarme. Lo siento por el intérprete autentico que todavía anda disculpándose por su errático comportamiento diciendo que fue cosa de los ángeles que le hablaban. Por cierto, la caracterización la realizó el equipo de Muchachada Nui basándose en una idealización en negro de Kiko Rivera